El exministro de Gobierno Arturo Murillo, hombre fuerte del régimen de Jeanine Áñez, será deportado este jueves desde Estados Unidos y llegará directo al aeropuerto de Viru Viru, en Santa Cruz.
Murillo no vuelve como un ciudadano libre, sino como condenado por corrupción en el extranjero y perseguido por varios juicios en Bolivia.
En EE.UU. fue sentenciado a casi seis años de cárcel por lavado de dinero y cobro de sobornos en la compra de gases lacrimógenos.
En su país lo esperan procesos aún más duros: ocho años de cárcel por contratos lesivos al Estado, otros cinco años por el caso de los gases de Ecuador, y causas abiertas por las masacres de Sacaba y Senkata.
El hombre que alguna vez se jactó de “cazar masistas” ahora será cazado por la propia justicia boliviana. Su arribo promete sacudir el escenario político y reabrir viejas heridas del convulso 2019.
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